Ser resiliente es aprender a vivir con la incertidumbre
En los últimos tiempos se ha puesto de moda una palabra que toma cuerpo y adquiere dimensión cuando atravesamos por una crisis: resiliencia.
Resiliencia es un concepto que la psicología ha tomado prestado de la ciencia de los materiales. No es una característica estable si no que puede trabajarse a lo largo de nuestra vida. Aplicada a las personas, ser resiliente podría traducirse como tener una personalidad resistente, siempre en relación a nuestra capacidad de adaptación al cambio, de estar en posesión de una fuerza interior que nos permite avanzar y recuperarnos de las adversidades.
El coronavirus ha puesto nuestro mundo patas arriba, a muchos y muy diferentes niveles a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo. Podríamos interpretar esta situación como una oportunidad única para aprender esta cualidad; una habilidad que por otro lado, todos y todas sin excepción podemos aprender a desarrollar. Vivimos tiempos difíciles, pero a lo largo de la historia el ser humano ha demostrado que siempre hemos sabido qué hacer para reinventarnos. A veces hemos tardado más, otras menos, pero siempre lo hacemos: siempre seguimos adelante.
A la par que la pandemia mundial derivada del COVID19, se está produciendo otra pandemia silenciosa y no tan evidente, la de la crisis masiva de salud mental derivada de esta situación tan complicada. Hay nuevos casos de trastornos ya comunes, como ansiedad y depresión, pero la gente que ya estaba atravesando por estos procesos puede estar estancándose o empeorando y quienes ya lo superaron pueden estar recayendo con mayor facilidad. Las y los terapeutas estamos observando como aumenta la incidencia de otro tipo de problemas, especialmente en los jóvenes (pero no solo en este grupo de edad), como por ejemplo las adicciones. Se está incrementando el consumo de alcohol y el tiempo de juego online arrojando datos que asustan y preocupan.
En estos últimos meses ha aumentado la demanda de consultas por problemas relacionales. Unas 7 de cada 10 peticiones de asesoramiento psicológico que llegan a mi consulta tienen que ver con rupturas de pareja en la actualidad. Hay muchísimas personas que están en un momento de decisión vital, otras que realmente no sabían convivir y ahora están experimentando problemas y la irascibilidad se ha adueñado de nuestras rutinas, generando tensiones que muchas veces no se saben resolver de la manera más adecuada.
Cada vez somos más los que sentimos un miedo funcional y protector que en un momento de desequilibrio de fuerzas puede convertirse en algo patológico y disfuncional. Ansiedad por tener que salir de casa y angustia por quedarnos en el hogar durante periodos de tiempo prolongados: una versión moderna de sentirse ubicada entre Scilla y Caribdis.
¿Se puede aprender algo positivo de esta crisis?
Siempre se puede aprender algo de las crisis, siempre podemos encontrar algo positivo aunque sea difícil, por ratos amargo. A lo largo de los últimos meses hemos podido observar situaciones en las que ha salido tanto lo peor como lo mejor de los humanos. Aprender a manejar la incertidumbre mejor es una de esas cosas positivas que podemos sacar de esta experiencia. ¿Cómo lo hacemos?
Hemos tenido que aprender a reinventarnos a muchos niveles: laboral, familiar, etc.
Estamos aprendiendo nuevas habilidades para enfrentarnos a un reto difícil y que nunca antes habíamos vivido.
Creo que estamos gestionando mejor la necesidad de inmediatez y que muchas personas vuelven a disfrutar de nuevo de un modo de vida slow, sin prisas.
Aprovechamos la situación para parar y mirar hacia dentro. Estamos haciendo más introspección, conociéndonos mejor, re-orientando la brújula de nuestra vida.
Aún así, todavía sentimos mucho malestar a causa de la incertidumbre. Por muy bien que lo llevemos, todas las personas tenemos momentos en los que dudamos, en los que no sabemos que ocurrirá en unos días, semanas o meses. Preguntas como ¿Y ahora qué va a pasar? ¿Cómo será mi futuro o el de mis hijos? o ¿Qué va a ser de mi? están adquiriendo protagonismo en nuestros diálogos mentales. Por eso, porque este es nuestro día a día, aunque no lo queramos estamos entrenando nuestra resiliencia, nuestra capacidad de tolerancia a la incertidumbre.
Etapas en el desarrollo de la resiliencia
Todas las personas podemos desarrollar una personalidad resistente. Una persona resiliente es aquella persona que ha aprendido de la experiencia vivida, que ha superado la adversidad, la crisis, el dolor, el sufrimiento. Una persona que no se niega a experimentar lo que la vida trae, el paquete completo, y que crece con cada oportunidad, con cada crisis, preparándose mejor para la siguiente. La persona resiliente vive el presente e intenta ser realista (olvídate de ese positivismo a ultranza de unicornios y arcoíris), no escucha a su crítico interior y construye una imagen poderosa de sí misma. La persona resiliente, sobre todo, se ve capaz de afrontar lo que venga, sea esto lo que sea. Cuanto más te superas, más fuerte te vuelves. No hay más truco que ese.
Etapas en el desarrollo de la resiliencia
Shock ante el suceso no esperado.
Análisis de la situación.
Interiorización de lo que ocurre.
Miedo, ansiedad, inseguridad, dudas.
Proceso de adaptación al nuevo contexto
Planificación, organización y puesta en marcha.
Automatización de los nuevos hábitos.
Relajación y mantenimiento.
Algunas cosas que puedes poner en práctica para ser más resiliente
Como te decía al empezar el post, ser resiliente es una habilidad y como tal todo el mundo es capaz de aprenderla. Tú tambien. Esto no significa que sea fácil o que no requiera de un tiempo; es más, aprender a ser más resiliente es una tarea de por vida y que se pone a prueba, evoluciona y crece con cada crisis personal que se vive.
Estás son algunas cosas que puedes hacer para fomentar una personalidad más resistente:
SÉ REALISTA, PACIENTE, FLEXIBLE: Se trata de intentar ver las cosas cómo son. Los hechos y no las interpretaciones que haces sobre ellos.
FOMENTA LA COMPASIÓN Y LA EMPATÍA: Con los demás, pero también contigo misma/o.
ACTÚA: Es la piedra angular de las terapias de tercera generación, una lección de vida. Somos lo que hacemos así que diseña tus metas, elige una dirección hacia ellas y comprométete con esa acción. Aumentará tu sensación de competencia y control sobre tu vida.
AUTOCUIDADO: Es importante que a lo largo del día encuentres tiempo para trabajar, para descansar, pero también para dedicarte a ti misma/o. Autocuidado es cocinarte, hacer ejercicio, ponerte cremas, escuchar tu música, leer un libro, ir al cine, darte un masaje, aprender cosas nuevas, tomarte una copa de vino con tu pareja… hay mil cosas que puedes hacer para quererte más y mejor.
MANTENERSE OCUPADA/O. Tener una actividad que nos mantenga ocupadas/os es importante. Intenta ser ordenada, metódico y no caer en la trampa de estrés.
ESTAR EN EL PRESENTE: Es difícil no pesar en ayer o en mañana y estos pensamientos tienen cabida en nuestra agenda, pero cuidado: no deben ocupar demasiado tiempo. Cuando empieces el día, dedica media hora o una hora completa a organizar tu agenda, céntrate en lo que puedes y vas a hacer ese día. La meditación y el yoga, son dos actividades de ocupación y autocuidado que te ayudarán a aprender a estar en el presente así como a mejorar tu capacidad de concentración y atención.
FOMENTA BUENOS HÁBITOS. Muchas personas desarrollan problemas psicológicos porque sin quererlo ni a penas darse cuenta, han instaurado en sus vidas algunos círculos viciosos de los que resulta difícil salir. Los buenos hábitos los previenen, son lo que se conoce como círculos virtuosos: actividades y conductas constructivas que nos ayudan a paliar el sufrimiento sin hacernos daño a nosotras/os mismas/os o a otras personas. Los buenos hábitos tienen que ver con el ocio, el descanso, el deporte, la alimentación y con cómo organizas tu día en general.
DEDICA TIEMPO A TU FAMILIA Y AMIGOS: Familia y amigos van en el mismo saco. A unos te los pone la vida porque sí, los otros los buscas y cultivas tú. Atender a las relaciones sociales es importante. En los tiempos que corren tal vez esto sea lo que más echamos de menos por lo que tenemos que ser creativas, imaginativos a la hora de gestionar el modo con el que nos relacionamos con nuestros seres queridos y aprender de esta experiencia.
DALE SENTIDO. Para mi está claro: la felicidad consiste en sentir que tu vida responde a un propósito, que puede haber una diferencia en el mundo sólo porque tú has vivido en él. Piensa en lo que puedes hacer por ti y por los otros. Búscale un propósito a tu vida y dirígete a él.
No te sientas víctima de las circunstancias, todas/os somos vulnerables, nadie puede controlar absolutamente todo lo que pasa y es normal sentirse triste ante este panorama, pero podemos elegir la forma en la que reaccionamos ante los sucesos de la vida. Elige ser resiliente y convivir con el miedo y la incertidumbre porque escapar de ello, evitarlo, simplemente hará más grandes esas emociones. Crecerán hasta ocupar un gran espacio dentro de tu vida, y entonces te sentirás mal, mucho peor que si eliges aceptarlas y seguir adelante con ellas. Reinventémonos juntas/os, ayudémonos a superarlo. No será fácil y sé que tal vez tú seas una de esas personas que pueda necesitar ayuda psicológica. No lo dudes y pídela: puedes salir de esta crisis más reforzada, resistente, evolucionado.