Amor romántico, apego adulto y dependencia
El amor es un tema difícil y escurridizo, y por eso asusta. Un gran porcentaje de personas que acuden a mi consulta lo hacen por problemas derivados de una dependencia afectiva extrema que les impide establecer relaciones amorosas adecuadas. Esta adicción afectiva muestra las características de cualquier otra adicción, pero con ciertas peculiaridades. Aunque la psicología ha avanzado en todo lo relacionado con adicciones como por ejemplo el abuso de sustancias, el juego patológico o los trastornos de alimentación, en el tema de la adicción afectiva el vacío es innegable, sobre todo si se intenta abordar con un mínimo de seriedad y rigor científico.
No vemos el exceso de amor como un problema sino como una virtud. Se nos educa para eso.
Ocurre también con otras cosas que son un continuo que se mueve entre dos polos. Por ejemplo, le prestamos mucha atención a la depresión la vemos como algo negativo, pero la manía la toleramos de otra forma, la aceptamos socialmente como algo menos patológico. De igual forma siempre estamos dando vueltas a los trastornos que nos ocasiona la falta de amor, y entendemos como "normal" la abundancia pero, ¿realmente es sano un exceso de amor?
Por razones culturales e históricas, la adicción afectiva ha pasado desapercibida. No nos impacta tanto el amor desmedido, como el desamor. Sobrestimamos las ventajas del amor y minimizamos sus desventajas. Desde un punto de vista psicosocial, vivimos en una sociedad co-adicta a los desmanes del amor. ¿Quién no ha caído alguna vez bajo los efectos del apego amoroso? Cuando el amor obsesivo se dispara, nada parece detenerlo.
Depender absolutamente de la persona amada se convierte entonces en una manera de enterrarse en vida, un acto de automutilación psicológica donde el amor propio, el autorrespeto y la esencia de uno mismo son ofrendados y regalados irracionalmente. Bajo el disfraz del amor romántico, se puede llegar a sufrir una despersonalización lenta e implacable hasta convertirse una misma en un anexo de la persona «amada», un simple apéndice.
Cuántas veces habremos dicho u oído frases como: No puedo vivir sin él, mi vida no tendría sentido, es lo más importante en mi vida, lo es todo para mi, no sé que haría sin él o ella, VIVO POR ESA PERSONA.
Socialmente se nos ha enseñado que esta es la forma correcta de amar, la única incluso, llegando al punto de que si no es así no es amor verdadero.
Nos han inculcado un paradigma distorsionado y enfermizo en el que sólo creemos que es verdadero amor el que nos infecta con virulencia y arrasa con gran parte de lo que somos como seres individuales.
Es un absoluto disparate, lo sé, pero así es como estamos.
La cuestión es que pienso que es mucho más fácil que nos reeduquemos al completo como sociedad en lugar de tener que reestructurar con cada persona que lo necesita, que al final somos todas/os.
Acabar con los mitos tan profundamente arraigados en nuestra cultura que solamente favorecen la sumisión, dependencia y desintegración de la personalidad bajo el lema de "pero es que yo le/la quiero".
¿POR QUÉ SE HABLA TANTO DE DEPENDENCIA EMOCIONAL Y SE CASTIGA DE MANERA IMPLACABLE (ESPECIALMENTE) A LAS MUJERES QUE SE SIENTEN ASÍ?
De un tiempo a esta parte, observo con muchísima tristeza cómo en las redes sociales, en perfiles muy conocidos de mujeres que asesoran a otras mujeres, se habla de la dependencia emocional como si se tratase de una etiqueta psicopatológica. Como si las personas fueran dependientes y además lo fueran por elección propia. Insisto una vez más en que no hay personas (mujeres) dependientes, sino conductas de dependencia. Etiquetar a una persona que lo está pasando mal por estas cuestiones como «dependiente», es cruel, innecesario y puede hacer que aún se sienta más culpable por actuar como lo hace buscando la seguridad que necesita.
Nuestra sociedad ha premiado cada vez más la independencia y el logro individual, que se sustenta en la competitividad. El éxito está en ser completamente capaces por nosotros mismos/as. En el mundo de las emociones, la dependencia emocional ha cobrado muy mala fama. Quizás porque se ha puesto el foco en el extremo patológico de la misma. Sin embargo, existe un nivel de dependencia sano llamado interdependencia, en el que somos capaces de confiar en otra persona para recibir apoyo. Este es el nivel de dependencia que se adopta en la vida de pareja y sí, es completamente saludable.
La interdependencia trae cosas buenas: nos permite dar y recibir. Las emociones viajan de modo bidireccional, somos apoyo y dejamos ver nuestra vulnerabilidad. Y cuando esta dependencia es sana, la identidad y la autonomía de cada persona se mantiene. Y esto, en las relaciones entre iguales, nos hace crecer más que si escondiéramos nuestra vulnerabilidad. Más que si pudiéramos siempre solos.
De modo que no, amar no es plegarse a todo, es apoyarse incondicionalmente, usarse el uno al otro para crecer, para cumplir sueños personales que a veces son sueños en común, pero otras veces no. Es alegrarse por la evolución de tu pareja, animarla a que se atreva con todo, apoyarla y brindarle ayuda, sostenerla cuando cae. Amar es ser una misma y dejar que la otra persona sea lo que quiera ser, aunque eso la aleje de ti. Es un riesgo que hay que correr.
Y querer de verdad da miedo, creedme. MUCHÍSIMO, pero es la única manera de hacerlo bien o por lo menos la única en la que tu autoestima y tu felicidad no se verán comprometidas.
En los próximos post hablaré de relaciones amorosas que no son sanas y de por qué no hay que esperar a desenamorarse para dejarlas atrás superando los miedos que se esconden tras el apego.