Antes de nada, aclaremos qué es eso de la madurez emocional

Tener madurez emocional significa ser capaz de pensar objetivamente sobre la situaciones que se te presentan al mismo tiempo que te mantienes conectadx emocionalmente con el mundo de las otras personas. Es también saber ser interdependiente, asertivx, no tener miedo a conocerte a ti mismx, a fomentar tus puntos fuertes y enmedar tus errores o mejorar allí donde detectar carencias. Ser una persona madura emocionalment significa estar abierta, receptivo, a las emociones de los demás al tiempo que sabes reconocer y hablar honestamente de las tuyas. Cuando surgen situaciones conflictivas, difíciles o problemáticas, las personas maduras contemplan un amplio arco de posibilidades realstas, y buscan soluciones con buena disposición, humor y adaptación al desarrollo de los acontecimientos.

 

¿Cuáles serían los rasgos de las personas emocionalmente inmaduras?

Las personas emocionalmente inmaduras, por el contrario, suelen tener una serie de características conductuales y emocionales bastante distintas. Como estas características están interconectadas, quien presenta una de ellas suele ser proclive a presentar las demás. Te las enuncio a continuación:

  • Son cognitivamente rígidas, obstinadas.

  • Hacen lo que más les complace, no lo mejor para ellas.

  • Hacen interpretaciones subjetivas, no objetivas.

  • Tienen poco respeto por lo que es distinto de ellas.

  • Son egocéntricas, viven preocupadas por si mismas, llaman constantemente la atención.

  • Son autorreferenciales, no autorreflexivas

  • En las relaciones fomentan la inversión de papeles.

  • Utilizan un estilo de comunicación pasivo-agresivo.

  • Tienen poca empatía y son emocionalmente insensibles.

 

¿CÓMO AFECTA A NUESTRA VIDA ADULTA ESTE ESTILO DE CRIANZA?

La La soledad emocional es el resultado de no tener suficiente intimidad emocional con otras personas. Puede empezar en la infancia, aL sentir que nuestro padre o madre nos ignoran a nivel emocional, o puede surgir en la persona adulta cuando perdemos una conexión emocional. Si el sentimiento ha estado presente toda la vida, esto apunta a que probablemente no recibimos respuesta emocional suficiente en la niñez.

Crecer en una familia en la que los padres son personas emocionalmente inmaduras es una experiencia muy solitaria. Son padres que pueden dar una apariencia de lo más competente, atender a las necesidades y salud física de sus hijos y procurarles sustento y comodidad. Pero si no establecen una conexión emocional con ellos, estos. hijos crecerán con un gran hueco ahí donde hubiera podido crearse una auténtica sensación de seguridad emocional.

La soledad de sentirse ignorada es igual de dolorosa que una lesión física, solo que no se ve desde el exterior. La soledad emocional es una experiencia vaga y muy personal que no es fácil de detectar ni de describir. Algunas personas lo llaman "sentimiento de vacío“, o sensación de estar solo/a en el mundo.
Cuando somos niñxs no tenemos manera de identificar la falta de esa intimidad emocional en la relación que mantenemos con nuestros padres, no es un concepto que podamos entender en ese momento y menos probable es aún que entendamos lo que significa ser personas emocionalmente inmaduras. Lo único que se tiene es un profundo sentimiento de vacío, que es como en la infancia experimentamos la soledad.

Cuando se tienen padres emocionalmente maduros, el remedio para la soledad es sencillamente acudir a ellos para sentir una conexión afectiva. Pero si tu padre o tu madre temían los sentimientos profundos o las emociones incómodas, quizá te quedaras una y otra vez con un desagradable sentimiento de vergüenza por necesitar que alguien te confortara. Cuando los hijos de padres emocionalmente inmaduros se hacen mayores, esa sensación de vacío perdura. Aunque tengan una vida adulta adaptada, podrán ser autoexigentes, no pedir ayuda y tener seriamente dañada la confianza en lxs demás.

 

LOS 4 TIPOS DE PADRES EMOCIONALMENTE INMADUROS

Hay identificados cuatro tipos de padres emocionalmente inmaduros, pero todos ellos tienen en común que suelen provocar un sentimiento de soledad e inseguridad en sus hijos e hijas. Se sabe que, básicamente, solo hay una manera de procurar un amor gratificante, que no es otra que simplemente estar disponible emocionalmente para ellxs cuando nos necesitan. Por el contrario, existen muchas maneras de frustrar la necesidad de amor que todxs tenemos en la etapa infantil.

A pesar de las diferencias que existen entre los cuatro tipos de padres emocionalmente inmaduros todos ellos tienen en común esta misma inmadurez emocional: como te explicaba un poco más arriba, todos tienden a ser individualistas, narcisistas y emocionalmente poco fiables. Suelen tener en común rasgos como el egocentrismo, la insensibilidad y una capacidad muy limitada para la auténtica intimidad emocional. Todos ellos utilizan mecanismos de defensa que distorsionan la realidad en lugar de afrontarla, y todos utilizan a sus hijos e hijas para intentar sentirse mejor, lo cual a menudo hace que se inviertan los papeles y que sean lxs pequeñxs quienes acaben siendo confidentes de unos problemas de adultos que no les corresponden y pueden asustarles, abrumarles y sobrepasarles por completo.
Los cuatro tipos de padres emocionalmente inmaduros presentan escasa sintonía con los sentimientos de los demás. No tienen ni idea de donde están los límites y o bien se involucran demasiado o se niegan a involucrarse en absoluto. La mayoría muestra poca resistencia a la frustración y, para conseguir lo que quieren, emplean tácticas o amenazas emocionales en lugar de la comunicación verbal. Los cuatro tipos de padres emocionalmente inmaduros se resisten a considerar a sus hijos individuos independientes, y se relacionan con ellos de modo que acaban sintiéndose casi como si no existieran, ya que lo que necesitan y lo que les interesa queda una y otra vez eclipsado por lo que sus padres emocionalmente inmaduros consideran importante.

Para explicar y entender mejor cómo son los cuatro tipos de padres emocionalmente maduros es importante tener en cuenta conceptos como el apego o cómo afectan los diferentes tipos de crianza a la peor de los bebés. Como esto es un tema que ya he tratado anteriormente en el blog, te dejo aquí los enlaces para que consultes estas entradas si el tema te interesa.

 

Según L.C.Gibson, estos son los cuatro tipos de padres emocionalmente inmaduros:

  1. PADRES EMOCIONALES

  2. PADRES RESOLUTIVOS

  3. PADRES PASIVOS

  4. PADRES DISPLICENTES

 

Padres emocionales

Los padres emocionales se dejan llevar por los sentimientos, por lo que se acercan y se alejan de ti a gran velocidad. Tienen tendencia a ser personas inestables e impredecibles, generalmente abrumadas por la ansiedad y que constantemente buscan que los otros les den la estabilidad que les falta. Tratan las pequeñas adversidades como si fueran el fin del mundo, lo ven todo en blanco y negro y por ello suelen tener conductas rencorosas hacia los demás. Llevan la cuenta de las ofensas que les hacen y en la familia clasifican a las personas en dos tipos: salvadorxs y traidorxs. También se caracterizan por conductas de tipo manipulativo y controlan a los demás mediante tácticas emocionales.

Es el grupo más infantil de los cuatro tipos. A esta clase de padres da la impresión de que es necesario vigilarles constantemente además tratarles con sumo cuidado. La vida familiar gira en torno a sus cambios de humor. Se aflijen por cualquier cosa y la familia entera se apresura a calmarlos ya que cuando se derrumban, arrastran consigo a los demás, especialmente a los hijos e hijas que son capaces de experimentar su desesperación, su odio o su ira en toda su magnitud. Es por ello que cuando se vive en una familia con un padre del tipo emocional, todo el mundo anda con pies de plomo para “no despertar a la bestia” y se vive un ambiente de nerviosismo constante por la rapidez con la que pueden estallar sus emociones. Para lxs niñox es muy alarmante ver perder el control a alguien a quien quieren. En este tipo de padres es muy frecuente además la presencia de amenazas de suicidio. Frases como “debería quitarme de enmedio” o “mejor estar muerta/o”, son especialmente aterradoras para lxs hijxs que se sienten en la abrumadora obligación de intentar mantener a sus progenitores con vida, pero sin saber muy bien qué hacer.

A los padres del tipo emocional les cuesta mucho tolerar el estrés y las emociones fuertes. Sus estados de ánimo fluctuantes y sus reacciones instantáneas exageradas los convierten en personas poco fiables y con las que no se puede contar. A pesar de esto, ellxs desempeñan casi siempre el papel de seres indefensos y considerándose a sí mismxs víctimas.

Si uno o dos de tus padres son emocionales, es probable que tú como persona adulta te comportes de manera excesivamente complaciente ya que has aprendido a someterte a los deseos de los demás. Has crecido en un constante estado de alerta dentro de un clima emocional tormentoso y cambiante por lo que permaneces siempre atenta, cuidadoso, pendiente de los sentimientos y estados de ánimo de los demás. Por desgracia, a menudo, en detrimento propio. Sueles dejarte siempre para el final porque lo de lxs otrxs importa siempre más que lo tuyo.

 

PADRES RESOLUTIVOS

Los padres resolutivos viven siempre con una meta en mente bien para ellxs o para sus hijxs. Se desviven por perfeccionarlo todo, incluidas las personas que hay a su alrededor. Rara vez pasan el tiempo suficiente con los demás para sentir verdadera conexión, y son controladorxs, entrometidxs, siendo siempre ellxs quienes deciden cómo todo el mundo en la familia debe llevar su vida. Los padres resolutivos pueden dar la imagen de vivir entregados en cuerpo y alma a las vidas de sus hijos, y muestran una gran entrega a la hora de cuidarlxs por lo que es difícil percibir su inmadurez, su egocentrismo.

¿Por qué se dice de este tipo de padres que son narcisistas o egocéntricos (cualidades ambas de las personas emocionalmente inmaduras)?. Pues porque siempre creen conocer perfectamente a los demás, lo que piensan, lo que quieren, lo que les conviene y además dan por hecho que es lo mismo que ellos piensan, quieren o creen que es correcto. El narcisismo, pues, se manifestaría en esa convicción de saber sienpre qué es lo mejor para los demás. Por eso su frecuente interferencia en las vidas de sus hijos es legendaria.

Lograr lo que se han propuesto tiene prioridad sobre los sentimientos de los demás, incluido sus hijos. Esto es debido a que, por lo general, estas personas se criaron en un ambiente de privación emocional, y es por ello que son muy independientes ya que aprendieron a arreglárselas solxs en lugar de esperar a que se les diera comprensión y apoyo. Salieron adelante gracias a sus propios esfuerzos, y están orgullosos de su independencia. Tal vez ese sea el motivo de que en su interior resida el miedo a que sus hijxs vayan a abochornarlos no triunfando en la vida, por eso se entrometen constantemente y dictan cuál es la mejor manera de proceder para ellxs.
Por desgracia, no son capaces de ofrecer a sus hijxs la aceptación incondicional que les daría una base segura desde la que salir al mundo y lograr sus objetivos. Se lo propongan o no, los padres resolutivos hacen que sus hijos se sientan constantemente evaluados, por eso en la edad adulta suelen ser personas con problemas de iniciativa o de autocontrol, desmotivadas e incluso propensas a la depresión. los hijos de los padres resueltos sienten siempre que deberían hacer más de lo que hacen o están haciendo algo distinto de lo que quiera que estén haciendo.

 

PADRES PASIVOS

Los padres pasivos son partidarios de intervenir lo mínimo posible y evitan por tanto enfrentarse nada que pueda causarles malestar. Dicho con otras palabras: son personas que no saben gestionar las emociones incómodas.
En apariencias son menos dañinos que los otros tres tipos, pero su comportamiento tiene también sus particulares efectos negativos. Los padres pasivos se resignan con pasividad ante las personalidades dominantes y a menudo tienen parejas más vehementes, aunque igual de maduras. Su negligencia les hace llegar a permitir abusos y desprecios en su presencia mientras miran a otro lado. Su mecanismo de defensa en estos casos, suele ser restarle importancia a los problemas y consentir.

Pueden llegar a salir bien parados si se comparan con los otros tres tipos de padres emocionalmente inmaduros ya que parecen tener una mejor disposición hacia sus hijos. Su forma de ser, tranquila y con frecuencia juguetona, los convierte en personas mucho más queridas para sus hijos que los casos restantes. Los problemas llegan cuando la intensidad de una situación conflictiva crece. Se retraen emocionalmente y se esconden, no siendo capaces de ser asertivos ni de poner límites.

Cuando eres críado por un progenitor pasivo, la herida más aguda que puedes sentir es la del abandono ya que en situaciones en las que no podemos protegernos a nosotros mismos cuando somos niños, es necesario que al menos uno de los dos padres ejerza de valedora, protector. Los padres pasivos son famosos por hacer caso omiso de situaciones familiares que sean perjudiciales para sus hijos, dejándoles que se arreglen solos. Se aprende entonces, que no se puede confiar en los demás para sobrellevar las emociones o los asuntos complicados, se aprende a estar solo, a ser autónoma e independiente, a solucionar una misma, uno mismo, los problemas propios, ya que la ayuda o el apoyo nunca van a llegar.

 

PADRES DISPLICENTES

A los padres displicentes no les gusta la intimidad emocional y tienen muy claro que no quieren que sus hijos les molesten. Su tolerancia con las necesidades de los demás es prácticamente nula y sus interacciones consisten en dar órdenes, enfurecerse o aislarse de la vida familiar. Es posible que algunos los tipos más leves participen en actividades familiares estereotipadas pero demuestran poca cercanía o verdadera participación. En general, quieren que se les dejen paz y dedicarse únicamente a lo que les interesa (trabajo, aficiones, vida propia, etc.).
Los hijos de este tipo de padres tienen la sensación de que sus progenitores estarían en la gloria si ellos no existieran. Cuando reciben negativas a sus demandas, aprenden a que no se debe hablar, molestar o pedir nada a sus padres. Los progenitores displicentes son los que menos empatía muestran de los cuatro tipos.

Algunas conductas típicas de este estilo pueden ser el silencio, la evitación del contacto ocular, o el uso de una mirada hostil que incite a sus hijxs a alejarse. Pueden ser personas autoritarias, que demuestran constantemente que son ellos los que mandan en la casa, quienes ponen las normas que han de ser seguidas y respetadas.

Los hijos de padres disciplentes se sienten una molestia dentro de casi cualquier situación social, como si hubiera que pedir disculpas por existir. A diferencia de un niño que ha crecido con un apego seguro, ante las cosas que emprenden o los retos de la vida, pueden querer rendirse con facilidad en lugar de persistir o realizar peticiones para expresar y conseguir lo que quiere.


 

 

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