NO CAMBIES CÓMO PIENSAS, CAMBIA CÓMO VIVES: DESCUBRE LAS TERAPIAS CONTEXTUALES
TERAPIAS CONTEXTUALES: ¿QUÉ SON Y EN QUÉ SE BASAN?
Si me conoces un poquito o hace tiempo que me sigues en redes sociales, sabrás de sobra que trabajo dentro del marco de las terapias contextuales y con un enfoque conductista.
Las terapias contextuales, también conocidas como terapias de tercera generación, son un conjunto de intervenciones psicológicas que se centran en el contexto y la función del comportamiento más que en su forma. Esto significa que, en lugar de intentar cambiar directamente los pensamientos o sentimientos de una persona (como en la terapia cognitivo-conductual tradicional), las terapias contextuales buscan cambiar la relación de la persona con esos pensamientos, emociones y sensaciones.
Se basan en la idea de que el sufrimiento emocional es parte natural de la vida, pero que lo que realmente causa malestar y problemas no son las emociones o pensamientos en sí, sino la forma en que los manejamos o intentamos evitarlos. Estas terapias enfatizan la aceptación, el compromiso con la acción y el enfoque en los valores personales.
Si bien es normal querer evitar el dolor, las terapias contextuales nos enseñan que luchar constantemente contra lo que sentimos o intentar suprimir pensamientos incómodos a menudo termina agravando el malestar. En lugar de gastar nuestra energía en intentar controlar lo incontrolable, estas terapias nos invitan a aceptar esas experiencias internas y a seguir adelante con nuestras vidas, tomando decisiones basadas en lo que realmente valoramos y no en lo que queremos evitar.
Además, las terapias contextuales tienen un fuerte respaldo científico y han demostrado ser eficaces en una amplia variedad de trastornos, desde la ansiedad y la depresión hasta las dificultades relacionales y el estrés crónico. Lo que hace que este enfoque sea tan transformador es su capacidad para adaptarse a la realidad única de cada persona, proporcionando herramientas prácticas que podemos aplicar en nuestro día a día, ayudándonos a vivir con más flexibilidad, autenticidad y bienestar.
A lo largo de este post quiero hablarte de las principales terapias contextuales y qué pueden conseguir a través de una serie de casos prácticos muy resumidos. También quiero hablarte de qué significa que tu psicoterapeuta tenga un enfoque conductista, y finalizaré trayendo algunos datos relacionados con la eficacia de las terapias contextuales en contraposición a la tradicional Terapia Cognitivo-Conductual.
PRINCIPALES TERAPIAS CONTEXTUALES O DE TERCERA GENERACIÓN
① TERAPIA DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO (ACT): es una de las principales terapias de tercera generación y se centra en ayudar a los consultantes a aceptar los aspectos inevitables del malestar humano, mientras se comprometen con acciones que estén alineadas con sus valores más profundos. Su objetivo no es eliminar el malestar emocional, sino cambiar la forma en que las personas se relacionan con él, permitiendo que vivan una vida más plena y significativa.
¿En Qué Se Basa?: ACT se basa en el concepto de flexibilidad psicológica, que implica estar presente en el momento, aceptar los pensamientos y emociones tal como son, y actuar en función de lo que es verdaderamente importante, en lugar de tratar de controlar o evitar el malestar.
Principios Clave:
Aceptación: En lugar de luchar contra los pensamientos y emociones negativas, ACT promueve la aceptación de estas experiencias como parte natural de la vida humana. No se trata de resignación, sino de abrirse a la experiencia sin que el malestar nos controle.
Defusión Cognitiva: Esta técnica ayuda a las personas a distanciarse de sus pensamientos, viéndolos como eventos momentáneos en lugar de verdades absolutas. Por ejemplo, en lugar de creer “soy un fracaso”, la persona puede aprender a reconocer “estoy teniendo el pensamiento de que soy un fracaso”, lo que disminuye su impacto emocional.
Vivir Según los Valores: ACT pone un fuerte énfasis en que las personas identifiquen sus valores fundamentales, como la familia, el amor, la creatividad o el crecimiento personal, y que tomen decisiones basadas en esos valores. A medida que los consultantes se comprometen a vivir de acuerdo con sus valores, encuentran un propósito y dirección, incluso cuando experimentan malestar emocional.
Compromiso con la Acción: El último componente de ACT es comprometerse a tomar acciones que se alineen con los valores, incluso si eso implica enfrentarse a situaciones incómodas. Este principio resalta la importancia de actuar en lugar de quedarse estancado en el malestar.
② TERAPIA DIALÉCTICO CONDUCTUAL (DBT): Fue desarrollada inicialmente para tratar el trastorno límite de la personalidad, pero ha demostrado ser efectiva para una amplia variedad de trastornos que involucran desregulación emocional. Su enfoque es dialéctico, lo que significa que busca encontrar un equilibrio entre dos aspectos aparentemente opuestos: aceptación y cambio.
¿En Qué Se Basa?: DBT está fundamentada en la combinación de estrategias cognitivo-conductuales y elementos de la filosofía dialéctica y el mindfulness. El objetivo principal es ayudar a las personas a desarrollar habilidades para manejar emociones intensas, mejorar las relaciones interpersonales y tolerar el malestar.
Principios Clave:
Regulación Emocional: Una de las bases de la DBT es enseñar a las personas a identificar, entender y manejar sus emociones intensas de manera saludable. Esto implica aprender a regular las emociones para evitar conductas impulsivas o destructivas.
Tolerancia al Malestar: DBT incluye técnicas para ayudar a las personas a tolerar el malestar sin recurrir a comportamientos problemáticos (como autolesiones o abuso de sustancias). Estas estrategias enseñan cómo lidiar con el sufrimiento en el corto plazo de una manera más efectiva.
Mindfulness: Al igual que en otras terapias de tercera generación, el mindfulness juega un papel fundamental en DBT. Se les enseña a los consultantes a estar presentes y conscientes de sus pensamientos, emociones y sensaciones sin reaccionar de manera automática o impulsiva.
Eficacia Interpersonal: DBT también aborda las habilidades interpersonales, ayudando a los consultantes a mejorar la comunicación, establecer límites saludables y manejar los conflictos de manera efectiva.
Equilibrio entre Aceptación y Cambio: Lo “dialéctico” en DBT se refiere a la búsqueda de un equilibrio entre la aceptación de las cosas tal como son y el esfuerzo por cambiarlas. Los consultantes aprenden a aceptar sus emociones y circunstancias, mientras trabajan para cambiar los comportamientos que contribuyen a su sufrimiento.
③ TERAPIA ANALÍTICO FUNCIONAL (FAP): La Terapia Analítico-Funcional (FAP) es otra de las terapias de tercera generación y se distingue por su enfoque en la relación terapéutica como vehículo central de cambio. Esta terapia parte del supuesto de que los problemas que las personas experimentan en su vida diaria también se reflejan en la relación con el terapeuta, y que el proceso terapéutico puede ser un espacio para trabajar esos problemas directamente.
¿En Qué Se Basa?: FAP se fundamenta en principios conductistas, específicamente el análisis funcional del comportamiento. Se enfoca en cómo las interacciones del consultante con el terapeuta reflejan patrones de comportamiento problemáticos que también aparecen en sus relaciones fuera de la terapia. La relación terapéutica, por tanto, se convierte en el contexto en el que se identifican, analizan y modifican esos comportamientos.
Principios Clave:
Conductas Clínicamente Relevantes (CCR): La FAP identifica y trabaja con lo que llama Conductas Clínicamente Relevantes (CCR), que pueden ser comportamientos que ocurren dentro de la sesión y que representan problemas que el consultante tiene fuera de la terapia. Existen tres tipos principales de CCR:
▶︎ CCR1: Comportamientos problemáticos que ocurren en la sesión y que el consultante también muestra en su vida diaria (por ejemplo, evitar confrontaciones o no expresar emociones).
▶︎ CCR2: Comportamientos mejorados o adaptativos que ocurren durante la sesión y que representan un avance.
▶︎ CCR3: Interpretaciones o discusiones sobre el comportamiento, en las que se reflexiona sobre lo que ocurre en la interacción con el terapeuta.
La Relación Terapéutica como Contexto de Cambio: La FAP ve la relación entre el consultante y el terapeuta como una herramienta crucial para generar cambios. El terapeuta responde en tiempo real a los CCR, proporcionando refuerzos inmediatos cuando el consultante demuestra comportamientos adaptativos o comentando cuando surgen patrones problemáticos.
Autenticidad del Terapeuta: A diferencia de otras terapias más estructuradas, en FAP el terapeuta es más abierto y honesto con el consultante, ofreciendo retroalimentación directa. Esta autenticidad permite al consultante experimentar cómo sus conductas afectan las relaciones y cómo pueden cambiar.
Generalización Fuera de la Sesión: Uno de los objetivos clave de FAP es que los cambios conductuales que ocurren en la sesión se generalicen a las relaciones y situaciones fuera del contexto terapéutico. El terapeuta anima al consultante a aplicar lo aprendido en su vida diaria, lo que convierte las sesiones en un laboratorio para la transformación personal..
④ ACTIVACIÓN CONDUCTUAL (AC): Es una terapia de tercera generación que se enfoca principalmente en el tratamiento de la depresión. Se basa en el principio de que los estados depresivos a menudo se mantienen o empeoran debido a la evitación de actividades y situaciones que, aunque difíciles o incómodas, son necesarias para una vida plena. La Activación Conductual se ha mostrado muy efectiva en el tratamiento de la depresión, y su sencillez la convierte en una intervención accesible tanto en contextos presenciales como online.
¿En Qué Se Basa?: La Activación Conductual tiene como objetivo ayudar a los consultantes a reconectar con actividades significativas y gratificantes, que generalmente han sido evitadas debido al malestar emocional. El modelo sugiere que la depresión disminuye cuando las personas comienzan a involucrarse nuevamente en estas actividades, lo que aumenta el refuerzo positivo en su vida.
Principios Clave:
Identificación de Actividades Valiosas: Se trabaja con el consultante para identificar actividades que le proporcionan bienestar o que están alineadas con sus valores.
Incremento Gradual de Actividad: El consultante es guiado para incrementar de forma progresiva la participación en estas actividades, incluso cuando no tenga ganas de hacerlo, rompiendo el ciclo de evitación que refuerza la depresión.
Reestructuración del Comportamiento: Al reintroducir actividades placenteras o significativas, se reduce el refuerzo negativo asociado con la inactividad y la evitación.
⑤ TERAPIA COGNITIVA BASADA EN MINDFULNESS (MBCT): La Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT) es una intervención de tercera generación que combina elementos de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) con técnicas de Mindfulness. Aunque el Mindfulness no es una terapia en sí, en este caso se utiliza como una parte fundamental de la intervención.
¿En Qué Se Basa?: El objetivo principal de la MBCT es ayudar a las personas a cambiar su relación con los pensamientos negativos recurrentes que suelen caracterizar trastornos como la depresión. En lugar de luchar o intentar suprimir estos pensamientos, los consultantes aprenden a observarlos sin juzgar ni reaccionar de forma automática. Esto reduce la probabilidad de caer en patrones de pensamiento depresivo.
Principios Clave:
Mindfulness: La práctica de la atención plena permite a las personas observar sus pensamientos y emociones desde una perspectiva de mayor desapego, reduciendo la identificación con ellos y evitando que desencadenen malestar emocional.
Prevención de Recaídas: Originalmente, la MBCT fue diseñada para prevenir recaídas en personas con depresión recurrente. Se ha demostrado eficaz en enseñar a las personas a identificar los primeros signos de un episodio depresivo y utilizar herramientas basadas en mindfulness para evitarlos.
Romper el Ciclo del Pensamiento Negativo: Al aprender a observar los pensamientos sin juzgarlos o evitarlos, los consultantes reducen el impacto de los ciclos de rumiación y las emociones negativas que suelen acompañarlos.
⑥ TERAPIA INTEGRAL DE PAREJA (IBCT): Es un enfoque terapéutico diseñado para ayudar a las parejas a manejar conflictos, mejorar la comunicación y fortalecer su relación. Se basa en la aceptación y el cambio, y se diferencia de otros enfoques porque no se centra exclusivamente en cambiar los comportamientos problemáticos, sino también en ayudar a las parejas a aceptar ciertas diferencias irreconciliables de manera que puedan convivir con ellas sin que sean un obstáculo para su relación.
¿En Qué Se Basa? La IBCT combina dos componentes clave: aceptación y cambio. Se trabaja con las parejas para que puedan aceptar aspectos difíciles o problemáticos del otro, en lugar de tratar de cambiarlos o eliminarlos. La aceptación no significa resignación, sino desarrollar una mayor comprensión y empatía hacia las diferencias. Aunque la aceptación es una parte importante, también se abordan áreas específicas de la relación que pueden beneficiarse de mejoras en términos de comunicación, resolución de conflictos o comportamientos concretos y ahí es donde se introduce el cambio.
Principios Clave:
Despolarización de la Relación: Las parejas a menudo caen en patrones de interacción negativos que los polarizan (un miembro de la pareja se vuelve más crítico, mientras que el otro se vuelve más defensivo). La IBCT ayuda a identificar estos ciclos y a romperlos, promoviendo interacciones más flexibles y comprensivas.
Mindfulness y Aceptación: Al igual que otras terapias contextuales, la IBCT integra conceptos de mindfulness, enseñando a las parejas a ser más conscientes de sus emociones y respuestas automáticas, lo que les permite gestionar mejor las tensiones en la relación.
Intervenciones Personalizadas: La terapia se adapta a las necesidades de cada pareja. Algunos pueden necesitar más trabajo en la aceptación, mientras que otros en el cambio de comportamientos y habilidades.
⑦ TERAPIA DE COMPASIÓN (CFT) y TERAPIA CENTRADA EN LA EMOCIÓN (TCE): Aunque no son puramente contextuales, estas terapias se centran en cambiar la relación con tus emociones. Por ejemplo, la CFT desarrolla la auto-compasión para reducir el sufrimiento emocional y mejorar la salud mental. Se utiliza para tratar la vergüenza, el autocrítica excesiva y la baja autoestima. La TCE, creada por Leslie Greenberg, se enfoca en ayudar a los consultantes a identificar, expresar y procesar sus emociones para promover el cambio psicológico.
CASOS PRÁCTICOS, QUE ASÍ LO ENTENDEMOS TODO MEJOR
Entiende que los casos que aquí te explico están muy simplificados y que hay mucho trabajo tras estas problemáticas. Los he resumido mucho para que se vea y entienda mejor, pero no quiero con ello que pienses que es tan simple como aparenta. Todo entraña una dificultad, sobre todo al principio de los procesos terapéuticos. A decir verdad, a medida que vamos avanzando todo se vuelve más fácil, pero los inicios son duros.
1. Manejo del Estrés Diario:
Una situación común es el estrés laboral o personal. En lugar de intentar eliminar el estrés, ACT te enseña a aceptarlo como parte de la experiencia humana y a enfocarte en acciones que te acerquen a tus valores, como ser más presente en tu trabajo o pasar tiempo de calidad con tu familia. En lugar de luchar contra el malestar, lo reconoces y sigues avanzando en lo que realmente importa.
Ejemplo práctico: Si estás abrumado, agobiada por una fecha límite en el trabajo, puedes notar los pensamientos ansiosos sin intentar suprimirlos. En su lugar, puedes enfocarte en lo que puedes controlar, como priorizar tareas y avanzar paso a paso.
2. Gestión de Conflictos Relacionales:
En el caso de problemas de pareja o relaciones familiares, la Terapia Integral de Pareja (IBCT) y la DBT enseñan a mejorar la tolerancia a la frustración y la regulación emocional, aceptando que los desacuerdos y diferencias son parte de la vida en pareja, pero que puedes manejarlos sin dejarte llevar por impulsos destructivos.
Ejemplo práctico: En medio de una discusión, en lugar de responder con ira, puedes utilizar la técnica de la DBT llamada “parada reflexiva”, donde te detienes, tomas respiraciones profundas y eliges una respuesta más calmada y consciente, que te ayude a comunicarte de manera efectiva.
3. Vivir con Ansiedad:
En lugar de combatir la ansiedad o evitar situaciones que la generan, ACT propone exponerse a esas situaciones sin intentar cambiar cómo te sientes, pero comprometiéndote a actuar según tus valores. Esto te ayuda a reducir la evitación y a ser más funcional en tu día a día.
Ejemplo práctico: Si sueles evitar eventos sociales por miedo a sentir ansiedad, ACT te alentaría a asistir al evento reconociendo la ansiedad, pero tomando la decisión de actuar en función de tus valores (por ejemplo, la conexión con otras personas). Por supuesto, todas estas terapias te enseñan habilidades de regulación emocional para que puedas exponerte a estas situaciones complicadas sin mayor problema.
4. Mejora del Bienestar Mental con Mindfulness:
El mindfulness, presente en muchas de estas terapias, ayuda a las personas a vivir más conectadas con el momento presente, sin quedar atrapadas en pensamientos del pasado o preocupaciones futuras. Esto mejora la calidad de vida y reduce el malestar emocional.
Ejemplo práctico: En momentos de ansiedad, practicar mindfulness puede significar detenerte un momento para notar tu respiración, observar los sonidos a tu alrededor o sentir el suelo bajo tus pies. Esto te saca de la espiral de la ansiedad y te conecta con el presente mediante un cambio de foco en la atención.
5. Afrontar Cambios y Desafíos:
La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) también ayuda a las personas a ser más flexibles frente a cambios inesperados o grandes desafíos, enseñándoles a ajustarse sin renunciar a sus valores.
Ejemplo práctico: Si te enfrentas a una gran transición, como un cambio de trabajo, ACT te ayuda a clarificar tus valores (como el crecimiento personal o la estabilidad económica) y a tomar decisiones alineadas con ellos, en lugar de quedarte paralizado, estancada por la incertidumbre.
6. Fobia Social:
En casos de fobia social, las personas suelen evitar situaciones que les generan ansiedad, como hablar en público o interactuar con otras personas. La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) puede ser útil para ayudarles a aceptar la incomodidad en lugar de evitarla, y a comprometerse con acciones alineadas con sus valores, como mejorar las relaciones interpersonales.
Ejemplo práctico: Si alguien evita las reuniones sociales por miedo a ser juzgado, en lugar de evitar la situación, puede aprender a reconocer el miedo sin que controle su vida, y asistir a las reuniones porque valora las conexiones sociales, aunque la ansiedad esté presente.
7. Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC):
En el TOC, las personas sienten la necesidad de realizar rituales para aliviar la ansiedad causada por pensamientos obsesivos. Con la ayuda de ACT y la exposición con prevención de respuesta, los pacientes aprenden a tolerar los pensamientos intrusivos sin recurrir a los rituales, centrándose en lo que realmente les importa.
Ejemplo práctico: Una persona con TOC que siente la necesidad de lavarse las manos repetidamente puede aprender a aceptar el malestar que surge al no realizar el ritual, enfocándose en continuar con las actividades importantes, como pasar tiempo con su familia, sin interrumpirlas con compulsiones.
8. Dificultades Sexuales (Anorgasmia, Vaginismo):
En casos de dificultades sexuales, como la anorgasmia o el vaginismo, estas terapias ayudan a reducir la autoexigencia y la evitación del malestar durante las relaciones sexuales. En lugar de intentar controlar o eliminar la ansiedad, se fomenta la aceptación del malestar y el enfoque en el disfrute del momento presente.
Ejemplo práctico: Una persona con vaginismo puede trabajar en desarrollar una relación más saludable con las sensaciones físicas, practicando la atención plena en el cuerpo, aceptando la ansiedad y aprendiendo a relajarse gradualmente durante el contacto íntimo, sin presión.
9. Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH):
El TDAH puede dificultar la concentración, la organización y la gestión del tiempo. Las terapias contextuales, como la DBT, ayudan a las personas a mejorar la regulación emocional y a desarrollar estrategias concretas para afrontar los problemas de atención y de impulsividad. El enfoque en el mindfulness también puede ayudar a mantenerse centrado en tareas sin distraerse.
Ejemplo práctico: Alguien con TDAH podría aprender a usar técnicas de mindfulness para volver al presente cuando se distrae en el trabajo, además de trabajar en la organización de tareas a corto plazo para evitar sentirse abrumado.
QUÉ SIGNIFICA QUE TU PSICOTERAPEUTA TENGA UN ENFOQUE CONDUCTISTA
El enfoque conductista se basa en las teorías del aprendizaje o teorías del condicionamiento, que explican cómo los comportamientos son aprendidos y mantenidos a través de la interacción con el entorno. Es decir, desde este enfoque se sostiene que nuestras acciones están influenciadas por el contexto y las consecuencias que siguen a dichos comportamientos.
El conductismo se basa en la idea de que nuestras acciones están moldeadas por estímulos del entorno y por las consecuencias que siguen a esas acciones, un concepto central del condicionamiento operante propuesto por B.F. Skinner. Esto significa que los comportamientos que son seguidos por recompensas tienden a repetirse, mientras que los que son seguidos por castigos tienden a disminuir.
En una terapia que se basa en este enfoque, se analizan los patrones de comportamiento problemáticos, pero el objetivo no es solo modificar el comportamiento, sino también entender las contingencias (las relaciones entre acciones y consecuencias) que lo mantienen. Para ello utilizamos técnicas prácticas, como la exposición, el refuerzo y la modificación de contingencias, para ayudar a la persona a cambiar su conducta y reducir su malestar.
¿Cómo Funciona el Enfoque Conductista en la Terapia?
① Análisis Funcional del Comportamiento:
En la primera sesión de valoración, realizo un análisis funcional para entender el “para qué” de los comportamientos problemáticos. Esto incluye analizar:
• Antecedentes: Qué sucede antes de que ocurra un comportamiento problemático (por ejemplo, situaciones que lo desencadenan).
• Comportamiento: Qué es lo que la persona hace, piensa o siente.
• Consecuencias: Qué sucede después del comportamiento (por ejemplo, cómo la persona se siente o cómo reacciona su entorno).
El objetivo es entender el “ciclo” que mantiene el malestar para que podamos intervenir en los puntos más críticos.
② Intervenciones Conductuales:
Basado en este análisis, diseñamos intervenciones prácticas que te ayuden a cambiar los patrones de comportamiento que perpetúan el malestar. Algunas estrategias incluyen:
• Exposición: Enfrentar gradualmente situaciones temidas para reducir la ansiedad que estas provocan.
• Reforzamiento positivo: Aumentar conductas deseables mediante recompensas o consecuencias agradables.
• Extinción: Eliminar conductas problemáticas al quitar las recompensas que las mantenían.
③ Tareas para Casa:
Una parte clave del enfoque conductista es que el trabajo no solo ocurre dentro de las sesiones, sino también fuera de ellas. Te asigno tareas para casa, que son prácticas que refuerzan lo aprendido en la sesión. Esto puede incluir desde ejercicios de mindfulness hasta la exposición controlada a situaciones que normalmente evitas.
④ Resultados Basados en la Acción:
El cambio no proviene únicamente de hablar sobre los problemas, sino de tomar acciones. El enfoque conductista está orientado hacia la solución práctica, lo que implica que, durante las sesiones, trabajamos activamente en cambiar los comportamientos y pensamientos que están contribuyendo a tu malestar.
TERAPIAS CONTEXTUALES VS. TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL
La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ha sido durante mucho tiempo la “estrella” de las intervenciones psicológicas. Se basa en la idea de que nuestros pensamientos influyen directamente en nuestras emociones y comportamientos, y que cambiando los pensamientos disfuncionales podemos modificar nuestras respuestas emocionales y conductuales. Sin embargo, las terapias contextuales o de tercera generación ofrecen una perspectiva diferente, y es que no sé si te has parado a pensar esto alguna vez: ¿Realmente puedes elegir qué piensas?¿Puedes pensar simplemente en positivo y ya está?¿Puedes dejar de pensar en algo que te molesta cuando quieres igual que cambias de canal de televisión?
Verás, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) se centra en identificar, desafiar y modificar los pensamientos automáticos negativos o irracionales. Busca el cambio cognitivo como un paso necesario para modificar el comportamiento y las emociones. Se apoya en técnicas estructuradas como la reestructuración cognitiva y la exposición controlada para abordar problemas como la ansiedad, la depresión o los trastornos del estado de ánimo. Por otro lado, las Terapias Contextuales no buscan cambiar los pensamientos, sino alterar nuestra relación con ellos. En lugar de intentar eliminar, modificar o corregir los pensamientos o emociones molestas y displacenteras, estas terapias enseñan a las personas a aceptarlos y actuar conforme a sus valores, independientemente de lo que piensen o sientan en un momento determinado. Aquí el objetivo es la flexibilidad psicológica, es decir, la capacidad de estar presente y elegir acciones basadas en lo que realmente importa, sin dejarse controlar por pensamientos o emociones difíciles.
Fortalezas de las Terapias Contextuales:
Mayor aceptación de emociones y pensamientos negativos: A diferencia de la TCC, que se esfuerza por cambiar los contenidos del pensamiento, las terapias contextuales (como ACT o DBT) promueven la aceptación de experiencias internas. Esto es especialmente útil para personas que se sienten frustradas por no poder “controlar” sus pensamientos o que luchan con emociones intensas, como en el caso de trastornos de ansiedad, traumas o problemas crónicos.
Enfoque en los valores personales: Las terapias contextuales guían a las personas a identificar y comprometerse con sus valores, ayudándolas a encontrar un sentido profundo de dirección y propósito. Esto puede ser particularmente efectivo en contextos donde las personas se sienten desmotivadas o sin rumbo, como en casos de depresión o durante procesos de cambio vital.
Énfasis en la atención plena y el momento presente: La TCC tiende a enfocarse más en el análisis cognitivo, mientras que las terapias como ACT y DBT integran prácticas de mindfulness o atención plena, ayudando a las personas a conectar con el aquí y el ahora. Esto es fundamental en trastornos de rumiación o en personas que tienen dificultades para desconectar de preocupaciones futuras o pasadas.
Mayor adaptabilidad a problemas complejos: Las terapias contextuales han mostrado ser eficaces en casos en los que la TCC puede ser menos efectiva, como en el tratamiento de trastornos de personalidad, dolor crónico o problemas de regulación emocional intensa. En estos casos, la aceptación y la flexibilidad suelen resultar más beneficiosas que intentar un cambio cognitivo directo.
¿Existe evidencia comparativa?
Pues claro que sí y además te adjunto al final del post como siempre, literatura científica que puedes consultar para formar tu propia opinión. ¿Qué dice esta evidencia comparativa?. Básicamente lo pordíamos resumir diciendo que aunque la TCC sigue siendo una de las terapias más investigadas y utilizadas a día de hoy, diversos estudios han demostrado que las terapias contextuales ofrecen resultados igual de efectivos o incluso superiores en el tratamiento de ciertos problemas. Por ejemplo, un meta-análisis sobre ACT mostró que esta terapia es igual de eficaz que la TCC para el tratamiento de la depresión y la ansiedad, pero con ventajas adicionales en cuanto a la mejora del bienestar general y la satisfacción con la vida.
La TCC sigue siendo una herramienta valiosa para muchos casos, pero las terapias contextuales ofrecen una vía más adaptable y orientada al bienestar a largo plazo, especialmente en problemas donde la rigidez cognitiva o emocional es un factor clave.
ALGUNOS TESTIMONIOS DE PERSONAS QUE HAN TRABAJADO CONMIGO EN BASE A ESTAS TERAPIAS
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FUENTES CONSULTADAS
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A-Tjak, J. G., Davis, M. L., Morina, N., Powers, M. B., Smits, J. A., & Emmelkamp, P. M. (2015). Un meta-análisis sobre la eficacia de la terapia de aceptación y compromiso para problemas de salud mental y física clínicamente relevantes. Psicoterapia y Psicosomática, 84(1), 30-36. (Este estudio no está directamente traducido al español, pero se referencia en trabajos sobre la ACT en español).
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2015). Terapia de aceptación y compromiso: Procesos y práctica del cambio consciente (2ª ed.). Editorial Síntesis.
Linehan, M. M. (2016). Manual de tratamiento para el trastorno límite de la personalidad (2ª ed.). Editorial Paidós.
Kabat-Zinn, J. (2009). Vivir con plenitud las crisis: Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para enfrentarnos al estrés, el dolor y la enfermedad. Editorial Kairós.
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Powers, M. B., Zum Vörde Sive Vörding, M. B., & Emmelkamp, P. M. (2009). Una revisión meta-analítica sobre la terapia de aceptación y compromiso. Psicoterapia y Psicosomática, 78(2), 73-80.
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